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Melancolía

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Quizás

Helen Cottle 1962 (Quizás -Ariana- hoy 10-7-2013

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La desconocida



Entre cuatro paredes )Lady Ari(



 

 

 

Muerte del olvido

Se me murió el olvido
de repente.

Inesperada-
mente,
se le borraron las palabras
y fue desvaneciéndose
en el viento.

En busca suya el corazón tocaba
todas las puertas.
Nadie. Nada.

Y allí donde estuviera se instaló
de nuevo,
el doloroso amor,
el implacable,
interminable-mente.

 

Meira Delmar


Sueño


Buenas Noches Tristeza

 
   BUENAS NOCHES TRISTEZA

 La vida siempre acaba mal.
Siempre promete más de lo que da
y no devuelve  nunca el furor,
el entusiasmo que pusimos
al apostar por ella.
  
Es como si cobrase en oro fino
la calderilla que te ofrece
y sus deudas pendientes
-hoy por hoy-
pueden llenar mi corazón de plomo.


No sé por qué agradezco todavía
el beso frío de la calle
esta noche de invierno,
mientras que me reclaman,
parpadeando,
sus ojos como luces de algún puerto.
  

Por qué espero el calor que se fue tantas veces,
el deseo
por encima de todas las heridas.
 Pero acaso me calma una tibia tristeza
que ya no me apetece combatir.

 

Todo sucede lejos o se apaga
como los pasos que no doy.

La vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?

 

-Angeles Mora –

 

 

 

 

 


MI amor )Lady Ari(


Abenámar y el rey don Juan -Romance anónimo-


 

  Abenámar y el rey don Juan

  «Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había.


Estaba la mar en calma,  
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.»
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:  

«No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  

mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto pregunta, rey,
que la verdad te diría.    

            
«Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!»

«El Alhambra era, señor,  
y la otra la mezquita;
los otros los Alijares,
labrados a maravilla.

El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día              
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.

El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,         
castillo de gran valía.»

Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
«Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;      
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.»

«Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene         
muy grande bien me quería.»

 

Romance anónimo